HIJOS TRIUNFADORES
Luís Baba Nakao (Marzo de 2007)
Hace
unos siglos un famoso pensador griego dijo:
"Lo único permanente es que vivimos en un mundo de cambios"
¿Qué paradoja verdad? El mundo que
nos ha tocado vivir es uno en que todo cambia a una velocidad que
difícilmente podemos alcanzar. Las formas de comprar, producir,
organizarnos para lograr el éxito, distribuir, promocionar
y vender están cambiando permanentemente y cada vez a una
velocidad mayor. Probable-mente la respuesta principal a tanto cambio
sea el impresionante avance de la tecnología, especialmente
en dos actividades: la informática y las telecomunicaciones.
Pero ¿cómo preparar a nuestros hijos para que puedan
ser mejores ciudadanos del mundo?
A continuación les resumo un mensaje que
recibí hace unas semanas de un buen amigo.
Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo
del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este
mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter,
no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer.
Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos
un desafío y no una tragedia, eso será lo que buscarán
los seleccionadores de personal.
Para los trabajadores independientes será
un auto requisito. Un hijo forjará carácter si percibe
claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad
los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad
para resolver sus problemas; actuarán por determinaciones.
Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles
de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes
problemas de adaptación.
¿Exceso de autoridad? Siempre será
mejor exceso que falta de autoridad. El límite de autoridad
lo pone la siguiente regla: "La autoridad no debe humillar".
Básicamente lo que es el niño o el joven hoy será
el adulto del mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo
como un adulto potencial.
¿Queremos que nuestros hijos no sufran?
Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos estarle evitando
todo el tiempo todo posible sufrimiento ¿si no cuándo
aprenderá? Debe comprender la muerte, los problemas de la
vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos
resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a
poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas
sin un poco de sufrimiento. ¿Alguien imagina a un campeón
de atletismo que no sufra para lograr sus marcas? Eso se aplica
a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad. Siempre
hay que pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para
no sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras al
futuro.
Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS.
Que sepan que siempre se puede un poquito más. Recuerda que
nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillas y abonar mucha
tierra.
Es muy importante enseñarles a carecer,
es decir a "sentir la falta de" y arreglárselas
por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no
tienen zapatillas de "marca". Si no aprendes a carecer
no aprendes a arreglártelas. Aunque tengamos para darles
el 100%, los chicos deben saber el valor de las cosas. Si no lo
hacen de chicos, les será muy difícil de adultos y
allí sí que van a sufrir y nosotros también
con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? ¡Dándoles
un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay otra manera!
Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden
a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a
gozar de la vida porque muchas veces se goza en las cosas sencillas.
Aprenden a no ser quejosos.
Una excelente escuela para aprender a carecer (sin
morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué
debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es
bueno para ellos! Es no sólo por su bien estomacal, sino
que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean
ingratos, que no sean quejosos. "Mami... no me gustan las lentejas".
Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá
berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar), que no coma
si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA!
... ¡Las lentejas del refrigerador calentadas!
Parece increíble, pero si no hacemos este
tipo de cosas no se podrá adaptar. La comida es una buena
escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos
en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.
También hay que educarlos en el servicio.
Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender
la cama, limpiar los cuartos, lavar los platos, pintar la casa etc.
Hay que educarlos para que realicen labores de hogar, aunque lo
hagan mal al principio. Si no hacen este tipo de servicios luego
tendrán problemas. Las escuelas más importantes de
liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer,
para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.
¿Mesadas? Que sean una cantidad fija, más
bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así
aprenden a administrar el dinero. Claro que se deben aceptar excepciones,
pero conversadas serenamente.
Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.
Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como
desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura
con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales,
metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón.
Importante también es estar convencidos de que triunfador
no equivale a tener "dinero o propiedades", triunfadores
son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente
así podrán hacer felices a otros.
Los hijos con carácter templado, conocimiento
del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones
serán hijos triunfadores.
Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar
hijos que transformen nuestro país, en uno donde reine la
libertad, la abundancia, la justicia y sobre todo la felicidad.
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